Naturaleza · Aventuras

Guatapé & Piedra del Peñol Naturaleza a gran escala.

La gran roca, el embalse lleno de islas y un pueblo pintado de zócalos. Un día completo fuera de la ciudad.

Foto del destino · Jaroslav Jelínek · CC BY-SA 4.0

La experiencia

«Un día entre agua, color y montaña. Sube, contempla y respira uno de los paisajes más memorables de Antioquia.»

Así la presenta el hotel · hotelbrumaverde.com

Agua donde antes hubo valles

Al oriente de Medellín, el paisaje se abre en un laberinto de agua, islas y penínsulas verdes. Es el embalse Peñol-Guatapé, creado por un gran proyecto hidroeléctrico que inundó valles y parte del antiguo pueblo de El Peñol. Lo que hoy parece un lago natural es, en realidad, una obra humana que cambió la vida de toda la región.

Según la guía del hotel, está a aproximadamente dos horas de Medellín. Por eso conviene pensarlo como un día entero, sin otros planes encima.

La subida

En medio del paisaje se levanta la Piedra del Peñol, una roca de granito que se ve desde lejos. Por una grieta de su cara sube una escalera en zigzag, blanca y estrecha. La guía del hotel la describe como una roca de casi 200 metros de altura, con 740 escalones, y calcula unos 20 minutos de subida.

La Piedra del Peñol bajo un cielo azul, con su escalera en zigzag sobre la cara de la roca.
La Piedra del Peñol con su escalera en zigzag, en el oriente antioqueño. Foto del destino, no del hotel.

Sube a tu ritmo. Hay descansos en el camino y nadie te persigue. Arriba, el embalse se extiende en todas direcciones, con sus islas y sus brazos de agua. Es una vista amplia, de las que piden quedarse un rato en silencio.

El pueblo de los zócalos

Guatapé, el pueblo vecino, es famoso por sus zócalos: relieves de colores en la parte baja de las fachadas. Muestran animales, oficios, escenas de la vida diaria, a veces algo que identifica a la familia que vive allí. Caminar sus calles empedradas es leer el pueblo casa por casa.

Calle empedrada de Guatapé con casas de colores y zócalos en relieve.
Una calle empedrada de Guatapé con fachadas de zócalos de colores. Foto del destino, no del hotel.

La guía del hotel sugiere almorzar mojarra en el pueblo, y no es mala idea. Después del esfuerzo, una mesa al aire libre y el agua quieta cerca se agradecen.

Si el clima acompaña, el embalse invita a quedarse un poco más. Mirar el agua desde la orilla, ver pasar las lanchas, dejar que el cuerpo descanse de la subida. No todo en este día tiene que ser movimiento. Parte del paisaje se disfruta simplemente sentado, mirando cómo cambian las nubes sobre las islas.

Un día largo, bien vivido

Es un día con carretera, escalones y sol, así que conviene salir descansado y volver sin planes para la noche. Un baño tibio, algo ligero de comer y la cama temprano en Bruma Verde completan el día.

En imágenes

Bruma Verde · Laureles

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